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jueves, 25 de septiembre de 2014

Pequeña historia sin nombre

El corrió a su encuentro, pero ella en su desesperación creyéndolo muerto estaba ahora casada con otro hombre, el chico se retiro con la cabeza gacha huyendo de su vida y desesperación, ella lloro amargamente aquella noche, ni la luna, ni las estrellas la consolaron, el cielo estaba negro como el dolor amargo de su corazón, su esposo un hombre que le había prometido el cielo para poseerla, soporto todo el llanto y amargura de su mujer, sufrió con ella cada momento y cada instante, pero su dolor no cesaba, por las noches caminaba como un espectro hasta situarse en un gran roble y llorar amargamente por días, había descuidado su casa, hijos y esposo, pero a este no le importaba.

-Ya no sufras. Le decía su viejo esposo en los pocos momentos que se le acercaba, ella no decía nada, no profería palabras, había jurado que ya nunca mas lo haría.

En su llanto se volvió vieja y amargada, las arrugas le poblaban el rostro, cuando una noche se miro al espejo se sintió vacía, la vida le pasaba por delante y ella no se daba cuenta. Mientras tanto en un reino lejano su antiguo novio se había vuelto frió, había entrado a la guardia real y ahora el se había proclamado  rey.

-Los he salvado de las garras del mal. Les decía a sus súbditos, aquel chico quien una vez estuvo enamorado de aquella mujer de antaño, que esta lo había dejado por un gordo rey. La multitud gritaba exaltada, le alababan, le admiraban, eso le llenaba el vacío corazón, que solo albergaba odio e ira.


El reino donde el joven rey dotado de odio y rabia gobernaba, perecía poco a poco, él creía que era la plaga que llevaba dentro de si, pidió ayuda al reino vecino, pero este no le garantizo nada, lleno de cólera, el y sus tropas decidieron apoderarse de ese reino y así ser indestructibles, sigilosos como las fieras nocturnas llegaron al lugar. Todo estaba en silencio, solo se oían murmullos nocturnos de la vigilancia y los ronquidos de los habitantes de aquel reino, y el llanto desesperado de una anciana que sufría sobre un viejo y emblanquecido roble.



2 comentarios:

  1. Anónimo27/9/14 9:34

    Ei,me encantooo!!! Muy buena esta. Espero que sigas escribiendo asi. Yo tambien escribo... Saludos y mucha suerte :)

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